No quiero estar feliz

No sé tú, pero a mí esto de "encontrar la #felicidad" nunca me ha parecido un objetivo digno de atención.


Es un concepto que, personalmente, no me dice nada. No me llama.


No me interesa "ser feliz".


Me interesa desarrollarme, crecer, conocerme más y mejor, aprender, curiosear, descubrir el mundo, emocionarme, sentir adrenalina, tener sorpresas, caerme, volver a levantarme, pero también sentir paz, sentirme alineada, tener sentido, propósito, luchar por mis valores, intentar cambiar el mundo, perseverar, tener fe, volver a sentir esperanza, conectar con las personas, amar.

Y sí, ya lo sé, que cada una le puede dar la definición que quiere a la felicidad. Pero para mí esta palabra está ya tan contaminada y tan asociada con ciertas emociones y conceptos que no me gusta utilizarla.


Porque no nos vamos a mentir. El concepto de "felicidad" en el lenguaje común, se asocia más bien a "sentirse bien todo el rato". Quitarse las emociones desagradable como si te quitaras una pelusa del hombro, ponerte una sonrisa en la cara y mostrar siempre tu optimismo porque sino te consideran una amargada de la vida.


Mi apodo cuando tenía 15 años era "la pesimista derrotista". Me había ido al otro extremo, porque esta felicidad boba que me querían "obligar" a sentir o a "perseguir" me daba más bien nauseas.


Yo con 15 años tenía ganas de desaparecer, lloraba por dentro en continuo de ver como estaba el mundo, tenía una rabia inconmensurable por todas las injusticias que veía a mi alrededor y un volcán que rugía en mi interior.
Mi objetivo no era ser feliz. Mi objetivo era sobrevivir.

Tú dile a alguien que está desesperado y no entiende nada al mundo que "sonría y vea SOLO el lado positivo de las cosas" o que "hoy es un gran día para ser feliz y es cuestión de actitud".


Una bofetada en la cara. Perdona, pero es que es mi parte adolescente (Diana, si quieres saber su nombre) que habla. Y visto como reacciona, es algo que le ha traumatizado bastante y que tengo que trabajar todavía con ella.


Para evitar crear más frustración, desesperanza, depresión, impotencia...


Por qué no soltamos de una (puñetera) vez esta especie de OBLIGACIÓN de sentirse feliz?


Y, aún mejor, por qué no sustituir el "quiero ser feliz" que no significa nada en absoluto porque podría significar todo y su contrario, por unos rumbos más precisos, con más sentido para nosotras aunque no lo tenga para los demás?


Obviamente, todas queremos sentir cosas agradables. Todos queremos tener una vida llena y rica. Todas queremos sentirnos queridas y estar en paz.


Pero los programas de "encuentra la felicidad", los libros de ayuda tipo "los 5 secretos de la felicidad" y los coach o marcas que nos vienen con sus frases de desarrollo personal tipo "sé feliz, es tu obligación" personalmente me dan ganas de vomitar.


Primero, porque me parece vacío, además de ser ñoño. Segundo, porque puede ser peligroso.

De hecho, si quieres profundizar te aconsejo la lectura del libro "happycracia".


Si una persona está deprimida y tú vas y le dices "venga, anímate que no te falta nada y hay mucho peor que tú, deberías sentirte feliz simplemente de estar viva!" solo vas a conseguir hundirla más.


(y otra bofetada en la cara de parte de Diana).


NADIE puede definir por ti cuáles son tus propósitos de vida.

Y si no quieres tener propósitos concretos, si simplemente quieres experimentar y vivir tu vida, también ESTÁ BIEN.


No tienes que cumplir objetivos.

No tienes que agradar a nadie.

No tienes que comprarte una casa, ganar 2000€ al mes y tener un marido con 3 hijos para sentirte realizada.

No tienes que sentirte bien todos los días. Llora, enfádate, asquéate como lo estoy haciendo y siéntete libre de expresarte (cuidando a tus interlocutores).

No tienes que ser perfecta.


No tienes que estar ni ser feliz.

Si no te apetece sonreír, no sonrías.

Si te sientes mal, ¿por qué vas a fingir?


Si los demás te hacen comentarios, es porque no quieren verte así Y no quieren ver sus propias emociones desagradables. Nunca es muy agradable ver a una persona que quieres llorar. Pero esa persona necesita EMPATÍA, por lo menos en un primer instante.

Y seguro que no quiere oír cosas como "relativiza, que no es para tanto", "venga, que seguro que va a salir mejor, ve el lado positivo".


¿Le dirías esto a una persona que está a punto de morir?

Pues eso.

La mejor manera de aprender lo que es la empatía es imaginar lo que le dirías a una persona que nunca vas a volver a ver porque le quedan tres horas de vida.

Quizá te quedes en silencio. Quizá solo tengas unos gestos.

Pero eso es la base de la empatía.


Total, que empecé hablándote de que no quería ser feliz, y no significa que esté en depresión o que sea una amargada de la vida: me encanta vivir, me encanta experimentar, me encantan incluso los momentos desagradables (pero solo a posteriori por lo que me permiten aprender, tampoco soy masoquista, vale?).


Y además este año me he propuesto escribir.

Pero no como lo hacía hasta ahora.

Esta vez voy a escribir como antes.


Voy a plasmar todo lo que soy en lo que escribo. Cada una de mis partes interiores.

No es tarea fácil: es ponerse a descubierto. Es quedarse desnuda. Es encarnar tus valores con miedo. Es un paso más en mi desarrollo personal.


Es hora de salir del escondite.




Diana



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