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Ven, te llevo a visitar mi mente

Puedes desnudarte, quitarte la ropa, las máscaras, la sonrisa falsa que te pones cuando no sabes qué contestar, pero... ¿Enseñar las entrañas de tu mente a alguien?

Esto es vulnerabilizante al 100%.


Como estoy en plena crisis existencial, pues voy a aprovechar para retarme y llevarte conmigo a que veas lo que está sucediendo dentro de mi querido cerebro. Te aviso: no vas a encontrar unicornios pastando hierba arcoiris.


Leelo como lo que es: un cuento, al igual que todo lo que atraviesa nuestra mente.

No quiere decir que no afecte.


Espero poder ilustrar las dinámicas en juego en una mente neurodivergente en plena fase de subir el "siguiente escalón de la desintegración positiva" (referencia a Dabrowski).


Los personajes en juego se refieren a partes de mí, con los nombres reales con los que las identifico. Si tú también quieres explorar tus distintas partes interiores te invito a descubrir Diamente, un ebook para tu autoexploración (para poder hacerte historias épicas como esta que te propongo a continuación como forma de empatizar contigo, entre otras cosas ^^)



Luna y el caballero oscuro


Podrían parecer felices. Podrían incluso llevarse bien y actuar como un equipo.

No es el caso.


Luna tiene 6 años. Está sumamente enfadada de estar aquí.

¿Quién le ha obligado a estar encerrada en este cuerpo poco ágil, que hay que nutrir y que no hace lo que le pide? ¡Nadie le ha pedido su consentimiento antes de obligarla a nacer! ¡No es justo!


Detrás de esa rabia por la injusticia que observa a su alrededor, en cualquier esquina; hay una tristeza enorme. Luna está devastada, no comprende el mundo, no entiende cuál es su papel, no sabe qué hacer con esta "vida". Se siente perdida y... completamente sola. Está convencida de que no es de este planeta, que su familia de verdad la espera en otro lugar.

No está del todo equivocada...


Para no sentir cómo le dolía el mundo, se quedó escondida durante más de 30 años en un castillo interno que le protegía de los golpes de la "vida".

Sin nadie para cuidarla, para amarla.

No conocía más que la oscuridad de su habitación, donde muchas noches decidía esconderse en el armario para "no oír a todos los ruidos" que se despertaban al irse la luz.


Luna no aguanta más en este sitio que conoce demasiado bien: su fortaleza de protección se ha convertido en una verdadera cárcel.

Quiere escapar de ahí, salir al mundo otra vez y descubrir por fin el sentido de estar en este planeta. Después de todo, detrás de tanta absurdidad, algo tiene que haber. Intuye que tiene que existir alguna llave en algún lado que le abra las puertas del entendimiento.


Así que se pone a gritar. A chillar. A lloriquear. Cosas que haría cualquier niña para intentar ser vista, sentirse escuchada.


"Nada de esto tiene sentido, quiero salir de aquí. ¡Que alguien me ayude! No aguanto más, no quiero más esto, ¡no quiero vivir aquí! ¿Por qué tengo que aguantar esto?"


Pero Luna está encerrada en una caja de cristal que le impide relacionarse con el mundo: por mucho que salga del castillo, se da cuenta de que no siente el mundo como algo real. Lo que toca, huele, ve o saborea... lo percibe todo como si tuviera una capa de polvo grisácea. Solo nota peso. Un peso enorme, que arrastra y agarra su corazón de forma permanente. Desde siempre.


Luna se siente como el perro recibiendo descargas en la experiencia de Seligman: indefensa, impotente.

Haga lo que haga, parece que nada será nunca suficiente. Está condenada a sentir esa pesadumbre para siempre. Se desespera.


Ahí es cuando surge el caballero oscuro. Nadie conoce su nombre ni sabe desde cuándo está por aquí.

Podría parecer benevolente, amable y cuidadoso, pero es sólo una fachada. Su lengua está más afilada que su espada y su sangre es veneno puro. Puede manipular y destruir a quien quiera sin ni siquiera moverse.



Así es como cada vez que Luna trata de llamar para que alguien venga a socorrerla, surge el caballero oscuro montado en su fiel corcel negro con una sonrisa maquiavélica.


"Otra vez estás quejándote niñata de mierda, todavía no te has dado cuenta de que nadie quiere de ti de lo pesada que eres? No ves que eres un puñetero lastre para todo el mundo? Solo sabes sollozar y gemir. No eres el centro del mundo. Si estás aquí metida es por algo. ¿Es que eres tan estúpida que no te das cuenta?"


A Luna le estalla el corazón cada vez que oye esa voz gutural y mezquina. Y vuelve a desaparecer en su castillo.

Parece que el mundo no es un sitio para ella.

¿Entonces, qué hace aquí?

¿Por qué no tiene derecho como todo el mundo a "disfrutar" de la vida?

¿Por qué repela tanto a la gente?

¿Por qué no le dejan ser ella misma?

¿Por qué sólo siente un enorme vacío lleno de oscuridad?

Nada de esto tiene sentido... Si alguien la ha dejado aquí sabiendo el dolor que conlleva, la tortura continua que es, entonces tiene que encontrarla y vengarse.


Tiene que encontrarla y devolverle el sufrimiento.

Reequilibrar el "peso".

Hacer justicia.


Te puedes imaginar quien es esa persona de la que se quiere vengar.


Sí, yo misma.

Porque yo la metí aquí dentro.

El caballero oscuro vigila el castillo, día y noche, desde hace años.

Para que nadie entre.

Para desanimarla a salir.

Para protegerla.


Una sobreprotección que la está consumiendo, dejando solo discretas ascuas en su cuerpecito entumecido.


Todo esto no es nada más que un espejo de lo que viví... y revivo a cada instante, dentro de mi mente.


Continuará...




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