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Cuando vuelves a enchufar la máquina

¿Cuántas veces te has dicho a ti mismx que querías dejar de sentir?

Apagar el volcan que vive en tu interior y entra en erupción cada dos por tres...

Dime, ¿lo conseguiste?


Porque cuando disocias de tu lado emocional, cierras la puerta a tu esencia, a tu ser, a tu poder, a tu magia.


¿Es esto la paz?

Al principio, puede parecerlo. Los altibajos se convierten en una linea casi recta.

Que tranquilidad, que serenidad.

Pero pronto, empiezas a notar que algo no está bien. Que algo te falta. Que estás desconectadx de todo, que vas por la vida en piloto automático, sin pensar, sin sentir.


Y cuando esta situación perdura, te aseguro que lo darías todo para dar marcha atrás y volver a las montañas rusas. Porque hay algo peor que la intensidad emocional: apagarte por dentro, sin ni siquiera darte cuenta.


Volver a sentir, a conectar, no es fácil. Sobre todo porque sabes lo que te espera, sabes que va a doler, sabes que hay mucho por procesar, por sacar a fuera.

¿Abrir la caja de pandora?

Sí, pero todavía no.


Y así pasan los días. Hasta que algo o alguien toca la tecla. El botón de encender.

En inglés lo llaman trigger - es un detonante, un disparo.

Y *bam*, la caja se abre.


Es un alivio, volver a sentirte vivx por dentro, volver a tener inspiración, intuición, sentirte vibrar. Es jodidamente doloroso también, los fuegos artificiales se disparan de nuevo, lloras cada dos por tres, te mueres de la risa, sientes un amor infinito hacia todo y, al mismo tiempo, vuelven todos los fantasmas del pasado, tocando a la puerta, a ver si estás dispuestx a escucharles, atenderles, y tratar de liberarles.


Pero sabes que es eso o morir a fuego lento, así que sonríes, porque en el fondo, esx eres tú, intensx, vivx, fuerte y vulnerable a la vez, resiliente, fuego y aire.

Ahora es diferente, porque tienes herramientas que no tenías en aquel entonces, sabes subirte arriba del faro y ver las olas desatándose, manteniendo la calma en el mismo corazón de la tormenta.


Y eres capaz de disfrutar del paisaje, aún sabiendo que probablemente tu mundo se va a poner patas arriba y que vas a salir de tu zona de comodidad a la velocidad de un cohete.


Quizá sea eso, la libertad.





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